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Noche para enmarcar

La noche la abrió como telonero Guillermo Alba de Los Predicadores. Marcas indiscutibles de este sevillano son su cálida voz y unos temas melancólicos con aroma a folk. El colofón de su actuación lo marcó su fiel armónica y un doble aplauso anecdótico (por aplaudir antes del auténtico final) y merecido.

Pero, la excusa de la cita fue el séptimo aniversario, que no el décimo, de A propósito de Garfunkel (2008). ¿Qué decir? Pues, noche intimista, introspectiva y retrospectiva, perfecta y llena de humor.

Los fieles acudieron a la sevillana Sala Malandar y se agolparon en torno al escenario para recibir con los brazos abiertos a su profeta. En solitario, Ramón Rodríguez empezó con El refugio de Superman y ya desde el principio los asistentes corearon cada canción.

Se escucharon cortes como La ofensa, Marathon Man, Galatea y La Cafetera. Pero lo especial del evento fue entre tema y tema, descansos que Ramón aprovechó para intimar con el público con el que compartió risas. Hubo tiempo para bromas, cambios de guitarra, confesiones como músico, padre, amante...

Y es que Ramón demostró sus tablas sobre el escenario y se metió magistralmente a los oyentes en el bolsillo, y no sólo musicalmente. Exhibió una vez más su carácter carismático, un tío especial y diferente. En definitiva, un grande.

También, se pudo escuchar "canciones que no gustan a nadie, pero que al final todos acaban cantando", en palabras del propio Ramón. Entre ellas, Lo bello y lo bestia en la que el público se entregó y coreó al unísono, creando un sonido bastante especial; un estéreo en directo.

Hacia la segunda parte del espectáculo y acompañado de su nuevo bajo, Javi, adelantó algunos temas de su próximo disco Oh, rompehielos. Y cuando el auditorio ya presentía el ocaso de la inolvidable ceremonia, él mismo apaciguó los nervios confesando que había reservado las "raras" para el final, Danza epiléptica, Sucedáneos y, por supuesto, A propósito de Garfunkel. En esta última, pidió la colaboración de los agudos de las chicas y los graves de los chicos, y juntos llegaron al clímax.

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